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Metro de la Ciudad de México, sin sana distancia

Metro de la Ciudad de México, sin sana distancia ante plena crisis de la pandemia

El semáforo epidemiológico en la Ciudad de México continua en naranja ante los altos niveles de contagio de coronavirus o Covid 19. Pero a pesar de esta situación, las estaciones del metro de la Ciudad de México continúan llenas sin planeación alguna.

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Un ejemplo de lo anterior, es el panorama que se ve todas las tardes en la estación Pantitlán de la Línea A del metro de la Ciudad de México. Esta linea transporta usuarios de Pantitlán a La Paz, en sus pasillos se ve la misma gente que antes de la nueva normaildad, sólo faltan los estudiantes que están de vacaciones.

En los andenes y en las escaleras del metro de la Ciudad de México la cantidad de usuarios iguales, pero ahora casi todoso usan cubrebocas, algunos se protegen la vista o usan caretas. Y aunque el uso de mascarilla es obligatorio en la Ciudad de México hay usuarios del Metro que no se la ponen; otros la usan mal (no se cubren la nariz), y otros más a medio viaje se la quitan o la tocan constantemente.

Durante el semáforo en rojo la cantidad de usuarios disminuyó: desde mediados de abril y todo mayo, incluso, hasta llegar a dejar sin gente al Metro de la Ciudad de México, sin embargo, a mitad de junio, 15 días después de que terminó la “jornada nacional de sana distancia” y comenzó la reapertura gradual, las concentraciones volvieron a los pasillos, a los andenes, a las escaleras, donde la gente baja poco a poco para no pisar al de enfrente y se agarra del pasamanos para no caerse.

un usuario anonimo, que diario usa el Metro de la Ciudad de México, narra que le preocupa viajar con tanta gente, sin embargo, ha tomado sus precauciones: para cubrirse usa una máscara de laboratorio y lentes. Además, carga en su mochila alcohol, gel antibacterial, toalla para limpiar sus instrumentos de trabajo y una solución con la que se rocía cada que sale del Metro.

Al llegar a su casa aplica su “ritual de limpieza”: se limpia los zapatos en un tapete, llega directamente al baño donde se quita la ropa sucia, la pone en un cesto y procede a bañarse, después de todo esto puede bajar a saludar a su familia, con quienes no hay abrazos y sólo choque de puños.

Él usa todos los días el Metro con su máscara y sus lentes, de hecho, platica, se ha dado cuenta de que cuando otros pasajeros lo ven protegido se acomodan el cubrebocas si lo llevan mal, “está curioso como que les entra la culpa”, dice.